
En la última regata, descenso del Bidasoa, tuvimos ocasión de ver a los botes largos de infantiles, haciendo frente a las adversidades climatológicas en plena regata.
Mientras algunos ateridos de frío y calados hasta los huesos, ya no eran capaces de remar a una, yo me fijaba en nuestro 4X infantil que a base de "mala leche", hacían sus maniobras, no pocas por cierto, para mantener el bote en un punto cercano a la salida...
La verdad es que fue un trabajo titánico contra el viento infernal que teníamos allí.
No es pasión de equipo, pero me fijé especialmente en las evoluciones de ese bote, y me dí cuenta de que solo tuvimos que indicarles que uno diera las ordenes y el resto obedeciera.
Así lo hicieron, y salieron de sus dificultades con mas facilidad que el resto.
Pero ya cansados de dar tantas vueltas a lo tonto y como los jueces retrasaban la salida, ellos de motu propio decidieron abandonar la zona da salida y bajar al club, ya que mantenerse allí resultaba agotador además de inútil.
Este tipo de decisiones son las que me llaman la atención de algunos chavales. Están centrados y tiene algunas ideas claras. Reflexionan y toman decisiones aunque estas muchas veces no nos gusten.
Personalmente me gustó lo que hicieron y sirvió de ejemplo para los jueces que escucharon la conversación de esa tripulación conmigo cuando me informaron de lo que pretendían hacer.
Por supuesto yo les dí la razón y los jueces dieron por suspendida la regata, un par de minutos más tarde.
Me gusta mantener contacto con todos los miembros del equipo, y la verdad es que los más pequeños, son los que más me suelen sorprender en nuestras conversaciones. Son agudos, no tienen apenas prejuicios y derrochan ilusión cuando hablan sobre aquello que les gusta.
¡Para que luego digan que los chavales no saben lo que quieren!
Aquí os traigo otro ejemplo, más gráfico si cabe, a cerca de todo esto que os cuento.
¡Que lo disfrutéis y que reflexionéis!






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